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El poder de las palabras en la última novela de Antonio Heras, Mares pacíficos

Una sucesión de cartas son el punto detonante de la trama amorosa.

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Antonio Heras

Antonio Heras recupera el romanticismo en su última novela, Mares pacíficos, sin renunciar al realismo, proyectando una visión actual y sin tapujos del amor y la sensualidad entre dos personas. En la siguiente entrevista, nos desgrana algunas de las claves del libro.

PREGUNTA. Al comienzo de la novela el protagonista se siente vacío, ¿cómo llega a esa situación?

Creo que el protagonista de la primera parte de la novela se siente vacío porque, casi sin pretenderlo o esperarlo, ha conseguido todo lo que quería cuando era joven: un trabajo excelente, una familia estupenda y una casa preciosa. Y a pesar de todo, se siente vacío, insatisfecho. Alcanza todas sus metas durante la treintena pero no logra la paz esperada, al contrario. El hastío empieza a hacerle mella.

P. Unas misteriosas cartas son el detonante del punto de inflexión en su vida. El poder de las palabras a la hora de transmitir sentimientos recorre todo el libro, son, quizás ¿otro personaje de la novela?

Sí, quizá el personaje central. Las cartas recorren toda la novela; las palabras en primera persona son los protagonistas, los testigos de toda la trama, el desencadenante y la consecuencia.

P. El protagonista de la historia no es un jovencito de 20 años y, sin embargo, tiene el romanticismo y el impulso de esa edad…

Sí, y creo que es, precisamente, porque no tuvo la juventud de la mayoría: se casó muy joven, consagró todo su tiempo al trabajo y, de repente, tiene más de treinta años y siente que ha perdido algo por el camino. Que el amor que sentía por su esposa no lo es tanto, al menos, no comparado con el que empieza a sentir por la autora de unas cartas que recibe por error en su casa.

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P. ¿Cuál era el objetivo cuando escribió esta novela?

Soy un apasionado de las novelas de época -isabelina, victoriana-, en especial por las de las hermanas Brontë, DH Lawrence, Forster y Jane Austen. Me parecen a un tiempo fáciles de leer, si se las quiere dejar en un entretenimiento, y profundas, si te detienes en lo que subyace, en el análisis de los caracteres y sus deseos más ocultos. En eso creo que las Brontë y EM Forster eran unos maestros.

P. ¿Qué es lo que prefiere destacar del libro?

He intentado crear una novela entretenida, con romanticismo y realismo en su justa medida, que sea fácil de leer pero también emocione y contenga pasajes bellos.

P. ¿Por qué eligió precisamente esa época y ese lugar?

La idea de una persona que se enamora de otra por unas cartas de amor que no van destinadas a él solo podría funcionar en una época anterior a la del “guasap”. Ya no hay paciencia ni para escribir ni para leer una misiva de más de un folio. Tampoco la hay para alimentar un afecto durante meses, años, dejarlo crecer y al fin rendirse a él, buscar a la persona amada y vencer todos los obstáculos, incluso el de las expectativas creadas cuando se confrontan con la realidad.

P. De los personajes de la novela, ¿por cuál siente más debilidad?

Tengo cariño por la institutriz, es una chica que quiere de verdad a los niños de los que se encarga. Tiene una gran vida interior y, quizá, podría hacer otras cosas, aspirar a un destino mucho más ventajoso si la suerte le hubiera sonreído. Pero el destino la depara otros derroteros… Creo que el personaje de la institutriz podría, sin esfuerzo, ser el protagonista de otra novela.

P. El amor puede sorprenderte de la forma más inesperada…

Desde luego. Casi todos lo sabemos, ¿no? En primera o tercera persona, somos testigos de ello. La única vez que yo me he enamorado sucedió por accidente, por una serie de causalidades casi rocambolescas. Acabó fatal, claro, pero eso ya forma parte de mi ADN.

P. ¿Cuáles son sus influencias literarias?

Aparte de los autores citados antes, Jean Genet -por encima de todos-, Dennis Cooper -su gran heredero, a mi parecer-, Jack London, Douglas Coupland, Dickens… los clásicos suelen serlo con justicia.

P. ¿Y un libro que en estos momentos recomendaría?

Me estoy leyendo -y disfrutando como un enano- la Guía del autoestopista galáctico. Entre mis lecturas favoritas de los últimos tiempos destacaría también La montaña mágica -que se me hizo corta, que intenté leer con mesura para no terminarla- y Los papeles póstumos del Club Pickwick -divertidísima crítica de la sociedad moderna, sorprendentemente actual.

P. ¿En qué proyectos está trabajando?

Tengo dos novelas empezadas desde hace años, pero me he propuesto firmemente terminarlas entre este año y el que viene. Una es un simple entretenimiento: un libro de vampiros lgbt, una suerte de vuelta de tuerca a las sagas románticas adolescentes con vampiros guapísimos y protagonistas ansiosas de ser mordidas… En ella he metido muchos referentes de mis series y libros favoritos del género, como Buffy Cazavampiros o Sobrenatural. La otra novela es una parodia del mundo del periodismo, en el que he trabajado durante más de una década, y trata de una pequeña ciudad que se ve sacudida por una serie de asesinatos en los que parecen involucrados, de algún modo, los políticos y empresarios más poderosos de la urbe. Además, tengo un cortometraje ya rodado, que me falta montar y presentar en algún evento, y un libro de relatos que espero poder comenzar a escribir durante 2017… si la voluntad me acompaña.

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